dijous, 20 d’abril de 2017

Sagraments de vocació: Ordre Sagrat. I avui en dia?

Amb aquesta Entrada d'avui dono continuïtat a aquelles dedicades als sagraments de l'Església, aquells ritus que pretenen apropar-nos des de la nostra pròpia vida terrena al Misteri de Déu. Pots cercar les altres entrades relacionades sota l'etiqueta Sagraments a la columna de la dreta del Bloc.

L'explicació dels 4 tipus d'Entrades dedicades per a cada sagrament la trobaràs a l'Entrada amb el títol "El sagrament més gran: Jesús de Natzaret" de 15 de setembre de 2016.

Cal dir que alguns d'aquests materials estan en castellà, ja que són fruit de la feina dels estudis de CCRR a la Facultat de Teologia dels Jesuïtes de Granada.


El Orden Sagrado: claves pastorales

¿Qué aspectos crees centrales para proponer el sacramento al creyente de hoy como fuente de salvación? Lo que no se puede olvidar, la clave básica de todo.
Conocemos ya por la historia y las Escrituras que el pueblo judío, el elegido, fue constituido por Dios como "un reino de sacerdotes y una nación consagrada" pero, a su vez, dentro del pueblo de Israel, Dios escogió una de las doce tribus, la llamada de Leví, para el servicio litúrgico, “los levitas”. De igual manera la Iglesia de Cristo, toma esta realidad antigua como prefiguración del ministerio ordenado de la Nueva Alianza.

Por tanto, entiendo que lo fundamental de este sacramento del Orden es el ministerio que se asume, el servicio al cuidado de la comunidad eclesial. Es una respuesta afirmativa del sujeto a una llamada del Señor. No es tan solo un deseo de la persona, tampoco una carrera laboral. Lo fundamental son las claves teológicas comentadas en las preguntas del apartado 1 y que bien quedan reflejadas en la Constitución Dogmática Lumen Gentium, "en el nombre de Cristo ser pastores de la Iglesia con la palabra y con la gracia de Dios" (LG 11).


¿Qué dificultades crees que existen en nuestro ambiente para vincularse a él?
Antes de centrarnos en el sacramento concreto, vale la pena recordar aquello ya manifestado en la entrada "El sagrament més gran: Jesús de Natzaret. Î avui en dia" de 20 de septiembre de 2016 sobre las dificultades que advierto en nuestro entorno en cuanto a la vinculación con la Iglesia y la celebración de los sacramentos en general.

Centrándonos en el sacramento del Orden Sagrado, algunas de las dificultades que advierto en cuanto a la celebración y vinculación son:
  • Si bien los sacramentos de iniciación vistos hasta ahora sí que tienen una incidencia directa en la vida colegial, ambiente en el que me muevo, los demás sacramentos no son tan conocidos ni trabajados catequéticamente, puesto se viven en el ámbito familiar, no tanto el colegial . Es lo que ocurre con el del Orden.
  • El hecho que la congregación marista sea laical y no de presbíteros, también me aleja un poco del conocimiento y la vivencia del sacramento. 
  • Actualmente la Iglesia Europa y occidental tiene un déficit de sacerdotes, hecho que, aparte de ser un problema para la gestión de los asuntos de Iglesia y el acompañamiento de la feligresía, representa una poca visibilidad de esta realidad y de su función, una gran desconocida. En cualquier aspecto de la vida los referentes ayudan a dar visibilidad, y si son comprometidos en su misión, son fuente de llamada para los jóvenes. 
  • Dentro de las diversas entidades de Iglesia en la que se habla de misión compartida, o en las que se trabaja de forma conjunta laicos y presbíteros (ocurre también con los que han hecho votos religiosos) ocurría años atrás que los cargos directivos y de gestión no recaían en los laicos sino en los presbíteros o en los y las religiosas. Y a menudo se ponía en evidencia si la misión del ordenado / religioso era compatible con la de alta dirección organizativa y empresarial. Por suerte parece que esta realidad ha ido cambiando, exceptuando, creo, en muchas curias diocesanas y en la vaticana.
  • De cara a la gente más alejada del mundo eclesial, a la sociedad en general, este desconocimiento llega al punto de no diferenciar un presbítero de un religioso no ordenado o de los miembros de una institución laical.
  • Por otro lado, la visión que se tiene de los presbíteros tiene un punto de falta de modernidad y de estancamiento en el pasado, que se hace poco atractivo a la juventud, sobre todo en sociedades avanzadas en las que algunos roles que tiempo atrás realizaba la Iglesia ha sido asumido por laicos y por profesiones diversas vinculadas a la educación, la salud u otros ámbitos sociales. 
  • No se puede olvidar tampoco, que en las décadas y siglos pasados el acceso a la Iglesia como presbítero o religioso/a era una forma de huir de la pobreza para las familias más necesitadas (cosa que quizás aún se da en algunos países de África, Asia o América Latina) o una forma de adquirir honores, para las familias más pudientes. 
  • En las últimas décadas se han puesto en evidencia a la luz pública en los medios de comunicación una gran cantidad de casos de presbíteros (también de miembros de congregaciones religiosas) que se alejan mucho de actitudes evangélicas. Casos algunos juzgados y sentenciados y otros todavía con presunción de inocencia o ya prescritos por el paso del tiempo. Casos de pederastia, de abusos de autoridad en instituciones educativas de niños y niñas, de corrupción económica, de desaparición y/o venta de niños recién nacidos, de relaciones sexuales consentidas con mujeres y hombres jóvenes… Todo lo cual muestra una contradicción evidente entre lo que se predica y lo que se vive.
  • Respecto a los casos anteriores también se ha puesto en evidencia el papel de las jerarquías diocesanas o de los institutos religiosos, más prestas a esconder y tapar que no a apoyar a las posibles víctimas. En cualquiera de los casos de este párrafo o del anterior, no se estaba cumpliendo aquella contestación del Rey en el juicio a las naciones, “Os aseguro que todo lo que hicisteis por uno de estos hermanos míos más humildes, por mí mismo lo hicisteis.” (cfr. Mt 25,31-47). Nueva muestra de contradicción.
  •  A lo largo de la historia, la Iglesia más visible, la jerárquica, se ha aliado con las clases pudientes o gobernantes. Desde mi punto de vista personal, el inicio del mal para la Iglesia vino ya con la paz constantiniana del siglo IV. 
  • El aspecto de la ordenación exclusiva de varones es un problema que la Iglesia católica debiera reflexionar, más cuando otras Iglesias, incluso algunas hermanas, han estudiado a fondo y se han replanteado la situación. Cabe bien diferenciar aquello que proviene de la cultura judía del siglo I en la que se encarnó Cristo, lo que es Palabra de Dios y lo que proviene de la tradición de los 20 siglos de historia cristiana y católica, muy unida a la cultura y a los usos y costumbres patriarcales de la Europa occidental. Por mucho que documentos eclesiales prueben de justificar la decisión teológicamente, desde fuera no se entiende y se observa como una contradicción más. Esta opción actual cierra también la puerta al ministerio ordenado a las mujeres. Seguro que algunas pudieran tener condiciones excelentes como pastoras. Desde mi sencilla percepción, las características maternales propias de la mujer son una excelente base antropológica para el “cuidado del rebaño”, la cual no debería obviarse simplemente por no ser varón.
  • También el aspecto del celibato obligatorio  es otro problema similar que la Iglesia católica debiera reflexionar. También esta opción cierra la puerta al ministerio ordenado a hombres casados que quizás pudieran tener condiciones excelentes como pastores. También en este ámbito Iglesias hermanas tienen otros puntos de vista. Incluso la Iglesia católica acepta excepciones en algunos casos concretos. Y es más, en algunos países, son conocidas las relaciones estables entre sacerdotes y mujeres, escondidas en forma de amas de llaves, familiares u otros… Nueva contradicción que pone en evidencia. 
  • Y entrando en otro punto, este que me toca muy de cerca, también se observa cierta contradicción, homofobia e incluso falta de misericordia en el mensaje que se transmite desde diversas Congregaciones Vaticanas (como la de la Doctrina de la Fe o la de Educación Católica), “Si un candidato practica la homosexualidad o presenta tendencias homosexuales profundamente arraigadas, su director espiritual, así como su confesor, tienen el deber de disuadirlo en conciencia de seguir adelante hacia la Ordenación.” . ¿Qué tienen que ver las tendencias con las acciones? ¿Por qué es motivo de no aceptación el ser homosexual si se mantiene el celibato? Reflexiones y más informaciones al respecto fueron expuestas en la charla debate con el ex sacerdote Krzysztof Charamsa, el 30 de octubre de 2015 en la sede de la Fundació Privada Enllaç  de Barcelona. 

¿Qué aspectos en nuestro ambiente crees que son una oportunidad para presentarlo? ¿Qué experiencias, que estrategias, qué procesos crees que ayudarían a vincularse a él? 
Antes de centrarnos en el sacramento concreto, vale la pena recordar aquello ya manifestado en la entrada "El sagrament més gran: Jesús de Natzaret. I avui en dia?" de 20 de septiembre de 2016 sobre las oportunidades y experiencias que pudieran tenerse en cuenta en nuestra realidad concreta de forma general para presentar la Iglesia y la vida cristiana y que son válidas, también, para el resto de sacramentos.

Centrándonos en el Orden Sagrado, fundamentalmente creo que se trataría de ir poniendo solución, que no quiero decir aceptar, a las dudas y contradicciones que se observan. Y creo que éstas se pueden resumir fundamentalmente en dos ámbitos, el de la jerarquía de la Iglesia y el del ministerio ordenado. Algunas propuestas: 
  • Creo que fuera bueno cambiar algunas de las tradiciones o normas del Derecho Canónico a través de las cuales los fieles ordenados se han apropiado de tareas de gestión y dirección que bien pudieran hacer otros fieles bautizados  y altamente cualificados. 
  • Cabe recordar que las tareas básicas del ministro ordenado son la ofrenda a Dios (Eucaristía), el anuncio de la Palabra a los hermanos y el acompañamiento en la vida y en los sacramentos, especialmente aquellos de los que solamente los presbíteros pueden ser ministros ordinarios. 
  • Entiendo que a los sacerdotes, en su formación inicial, debiera hacérseles tener contacto más directo con realidades de frontera en la Iglesia, así como de misión compartida con laicos. Les daría una visión diferente y complementaria a la que ellos mismos tienen. A mí me sirven de ejemplo los dos tíos carnales solteros que he tenido: ambos tenían algunas actitudes que podrían tildarse de poco solidarias o muy personalistas. No tenían mala fe, simplemente el hecho de vivir solos, de tomar sus propias decisiones sin tener que pensar en los demás les hacía no estar acostumbrados a esperar a los niños, a tener que ver una cadena de televisión que prefieren el resto de la familia, ponerse ellos mismos una lavadora, etc.. en el fondo, a entender mejor a los demás.
  • La convocatoria y realización dl Concilio Vaticano II supuso un hito en la historia de la Iglesia. Y si bien son muchas las medidas que se desprendían de los diversos documentos conciliares que se han implementado, muchas otras aún no, pero ahí están escritas. 
  • El Papa emérito Benedicto XVI abrió una nueva forma de actuar con su renuncia a la catedra de San Pedro, actuación que parece quedará para el futuro.
  • El Papa Francisco ha abierto una reflexión ante la forma de vida de sacerdotes y jerarcas eclesiásticos con su propio ejemplo (cruz papal de plata, zapatos normales, vehículo utilitario, residencia en la casa de Santa Marta, etc…)
  • El Papa Francisco ha abierto la puerta a una acción más cercana de la Iglesia (jerarquía formada mayormente por presbíteros) y a una necesaria reflexión eclesial ante colectivos diversos (a familias de tipología diversa con el Sínodo de la Familia, a los pobres en la diócesis de Roma con la instalación de lavabos en las cercanías de la plaza de San Pedro, a los refugiados inmigrantes en Europa, acercándose a la isla de Lesbos, a la infancia en su viaje a Filipinas, a la juventud en Rio de Janeiro, contra el poder mundial viajando en los EEUU, a favor de los oprimidos viajando a Cuba, a los valores  de la “vieja Europa”, en su discurso a los mandatarios europeos, a los homosexuales en sus palabras en el avión de regreso de las jornadas de la juventud de Río de Janeiro, etc…) en fin, a través de multitud de actos y palabras.
  • El papa Francisco ha abierto la puerta a la posible ordenación de mujeres diaconisas, así lo hizo en su discurso ante la Unión Internacional de Superiores Generales (UISG) de 12 de mayo de 2016.
  • En el ámbito más organizativo, también el papa Francisco ha abierto la puerta a una revisión de la organización actual de la curia general de la Iglesia, en lo que se ha dado por llamar el CR9, el consejo de los nueve cardenales que le ayudan en la reforma de la Curia y en el gobierno de la Iglesia universal.
Quizás muchas de estas acciones del Papa Francisco puedan parecer anécdotas pero, si el Espíritu Santo sigue soplando y con la oración y la acción de muchos fieles comprometidos, las cosas pueden cambiar hacia una Iglesia más evangélica, más cristiana.