dijous, 2 de febrer de 2017

Quins missatges de Nadal! (i3)

Algú pensarà, que hi pinta ara una Entrada amb el títol d'aquesta? Doncs resulta que el 2 de febrer és el dia de la candelera. Per tant... toca desar el pessebre fins l'any vinent. I també resulta que els publicistes saben que un titular ben cridaner és la millor opció per portar allà un vol. I parlar de Nadal un dia com avui, per a la majoria de la gent, ja sobta.

Recupero en aquest moment el discurs d'aquest Nadal de 2016 del Papa Francesc als treballadors i la curia vaticana, com ja vaig fer el 24/12/14 (veure l'entrada "Quins missatges de Nadal!") i el 29/12/15 (veure l'entrada "Quins missatges de Nadal! (i 2)").  Si vols llegir el text sencer, enllaç. Transcric aquelles parts que m'han semblat més significatives:
... Contemplando el rostro del Niño Jesús, san Agustín exclamó: «Inmenso en la naturaleza divina, pequeño en la forma de siervo». También san Macario, monje del siglo IV y discípulo de san Antonio Abad, para describir el misterio de la Encarnación recurrió al verbo griego smikruno, es decir, hacerse pequeño casi reduciéndose a la mínima expresión: «Escuchad con atención: el infinito, inaccesible e increado Dios, por su inmensa e inefable bondad, tomó un cuerpo y diría que se ha disminuido infinitamente en su gloria». La Navidad es la fiesta de la humildad amante de Dios, del Dios que invierte el orden de lo lógico y descontado, el orden de lo debido, de lo dialéctico y de lo matemático. En este cambio reside toda la riqueza de la lógica divina que altera los límites de nuestra lógica humana (cf. Is 55, 8-9). Romano Guardini escribió: «¡Qué reversión de todos los valores familiares para el hombre, no sólo humanos, sino también divinos! Realmente este Dios da la vuelta a todo lo que el hombre trata de construir por sí mismo». En Navidad, estamos llamados a decir «sí», con nuestra fe, no al Dominador del universo, ni siquiera a la más noble de las ideas, sino precisamente a este Dios que es el humilde-amante...
En realidad, Dios quiso nacer pequeño, porque quiso ser amado. De este modo la lógica de la Navidad transforma la lógica mundana, la lógica del poder, la lógica del mandar, la lógica farisea y la lógica causalista o determinista... 
Todo esto manifiesta que la reforma de la Curia es un proceso delicado que debe ser vivido con fidelidad a lo esencial, con un continuo discernimiento, con valentía evangélica, con sabiduría eclesial, con escucha atenta, con acciones tenaces, con silencio positivo, con firmes decisiones, con mucha oración ―con mucha oración―, con profunda humildad, con clara visión de futuro, con pasos concretos hacia adelante e incluso ―cuando sea necesario― retrocediendo, con voluntad decidida, con vibrante vitalidad, con responsable autoridad, con total obediencia; pero, en primer lugar, abandonándose a la guía segura del Espíritu Santo, confiando en su necesaria asistencia. Por esto, oración, oración, oración.
ALGUNOS CRITERIOS-GUÍA DE LA REFORMA:
1.Individualidad (conversión personal): El alma de la reforma son los hombres a los que va dirigida y la hacen posible. En efecto, la conversión personal sostiene y fortalece a la comunitaria.
2.Pastoralidad (conversión pastoral): El compromiso de todo el personal de la Curia ha de estar animado por una pastoralidad y una espiritualidad de servicio y de comunión, ya que este es el antídoto contra el veneno de la vana ambición y de la rivalidad engañosa. 
3.Misionariedad: El cristocentrismo es la finalidad principal de todos los servicios eclesiásticos, es decir, llevar la buena nueva a todos los confines de la tierra
4.Racionalidad:  Se veía la necesidad de una racionalización de los organismos de la Curia Romana, para poner de relieve que cada Dicasterio tiene sus propias competencias. Dichas competencias deben ser respetadas y, también, distribuidas de forma racional, eficaz y eficiente. 
5.Funcionalidad: La funcionalidad requiere también la revisión continua de las funciones y de la relevancia de las competencias y de la responsabilidad del personal y, por lo tanto, la realización de traslados, incorporaciones, interrupciones e incluso promociones.
6.Modernidad (actualización): Es la capacidad de saber leer y escuchar los «signos de los tiempos». En este sentido: «proveemos con prontitud a que los Dicasterios de la Curia Romana se acomoden a las situaciones de nuestro tiempo y se adapten a las necesidades de la Iglesia universal
7.Sobriedad: En esta perspectiva es necesaria una simplificación y agilización de la Curia... todo con vistas a la indispensable sobriedad necesaria para un testimonio más correcto y auténtico.
8.Subsidiariedad: Reorganización de competencias específicas... para lograr autonomía, coordinación y subsidiariedad en las competencias y más interrelación en el servicio.
9.Sinodalidad: El trabajo de la Curia tiene que ser sinodal: reuniones periódicas de los Jefes de Dicasterio, presididas por el Romano Pontífice. Encuentros más frecuentes y sistemáticos. La sinodalidad también debe vivirse dentro de cada Dicasterio, dando mayor frecuencia a la Sesión ordinaria.
10.Catolicidad: Entre los colaboradores, además de sacerdotes y personas consagradas, la Curia debe reflejar la catolicidad de la Iglesia a través de la contratación de personal proveniente de todo el mundo, de diáconos permanentes y fieles laicos y laicas, cuya selección debe hacerse cuidadosamente sobre la base de una vida espiritual y moral ejemplar, y de su competencia profesional.
11.Profesionalidad: Es esencial que cada Dicasterio adopte una política de formación permanente del personal, para evitar el anquilosamiento y la caída en la rutina del funcionalismo. Por otra parte, es esencial archivar definitivamente la práctica del "promoveatur ut amoveatur". Esto es un cáncer.
12.Gradualidad (discernimiento):  La gradualidad es el resultado del indispensable discernimiento que implica un proceso histórico, plazo de tiempo y de etapas, verificación, correcciones, pruebas, aprobaciones ad experimentum. En estos casos, por lo tanto, no se trata de indecisión sino de flexibilidad necesaria para lograr una verdadera reforma. 
Deseo concluir sencillamente con una palabra y una oración. La palabra es la de reiterar que la Navidad es la fiesta de la humildad amorosa de Dios. Para la oración he elegido la convocación navideña del padre Matta El Meskin (monje contemporáneo), que dirigiéndose al Señor Jesús, nacido en Belén, así se expresa: «si para nosotros la experiencia de la infancia es algo difícil, para ti no lo es, Hijo de Dios. Si tropezamos en el camino que lleva a la comunión contigo según tu pequeñez, tú eres capaz de quitar todos los obstáculos que nos impiden de hacer esto. Sabemos que no tendrás paz hasta que no nos encuentres según tu semejanza y pequeñez. Permítenos hoy, Hijo de Dios, acercarnos a tu corazón. Haz que no nos creamos grandes por nuestras experiencias. Concédenos, en cambio, que seamos pequeños como tú, para que podamos estar cerca de ti y recibir de ti humildad y mansedumbre en abundancia. No nos prives de tu revelación, la epifanía de tu infancia en nuestros corazones, para que con ella podamos curar todo tipo de orgullo y de arrogancia. Tenemos mucha necesidad […] de que reveles en nosotros tu sencillez, llevándonos a nosotros, también a la Iglesia y al mundo entero, a ti ... Amen». 
A mi aquests missatges em deixen bocabadat. El papa, un cap d'Estat, un monarca absolut, no ho oblidem, dient aquestes coses. 

Vull dedicar aquesta entrada a tots els que tenen responsabilitats de govern, de coordinació, d'animació d'entitats i persones.

Bon Nadal, i tant de bo sapiguem tots mantenir aquest esperit al llarg de tot l'any, de tota la vida!