divendres, 23 de setembre de 2016

Guerra de religions? Religions per la pau

Durant aquests últims dies s'ha celebrat a la ciutat italiana d'Assís la trobada "Set de Pau. Religions i cultures en diàleg" amb més de quatre-cents líders religiosos d'arreu del món, entre ells el papa Francesc, el patriarca ecumènic de Constantinoble Bartomeu I, l’arquebisbe de Canterbury, Justin Welby, el patriarca sirortodox d’Antioquia Efrem II així com representants del Judaisme, l’Islam i el budisme del Japó. La trobada, que va ser organitzada per la Comunitat de Sant'Egidio, la diòcesi d'Assís i la família franciscana va incloure dimarts dia 20 la celebració de la Jornada Mundial de Pregària per la Pau. El discurs del Sant Pare acabava de la següent manera:
Que se abra en definitiva una nueva época, en la que el mundo globalizado llegue a ser una familia de pueblos. Que se actúe con responsabilidad para construir una paz verdadera, que se preocupe de las necesidades auténticas de las personas y los pueblos, que impida los conflictos con la colaboración, que venza los odios y supere las barreras con el encuentro y el diálogo. Nada se pierde, si se practica eficazmente el diálogo. Nada es imposible si nos dirigimos a Dios con nuestra oración. Todos podemos ser artesanos de la paz; desde Asís, con la ayuda de Dios, renovamos con convicción nuestro compromiso de serlo, junto a todos los hombres y mujeres de buena voluntad.

Per una altra banda, fa una parell de mesos, en el seu viatge a Cracòvia (Polònia) per les Jornades Mundials de la Joventut, el papa Francesc afirmava que l'actual guerra en la que sembla estem immersos, no és pas una guerra de  religions, tot i que així se'ns presenti o ho intuïm. Més bé es tracta d'una guerra d'interessos, pels diners, pels recursos de la natura, pel domini dels pobles, pel domini de les persones. Totes les religions volen la pau.


Amb aquests dos precedents m'ha semblat interessant anar a recuperar la Declaració Nostra aetate (el Nostre Temps) sobre les relacions de l'Església amb les religions no cristianes, document d'octubre de 1965, fruit del Concili Vaticà II. Document va voler posar les bases que devien guiar les relacions de l'Església Catòlica amb les altres religions després dels horrors de la 2a Guerra Mundial.

En aquesta Entrada d'avui i algunes properes recullo per parts la Declaració completa, comentant aquells punts que em semblen  més interessants. Aquesta actual conté el pròleg (art.1) i el final (art.5). Un resum d'aquella iniciativa, encara viva avui en dia, és aquest muntatge fotogràfic:


Proemio
1. En nuestra época, en la que el género humano se une cada vez más estrechamente y aumentan los vínculos entre los diversos pueblos, la Iglesia considera con mayor atención en qué consiste su relación con respecto a las religiones no cristianas. En cumplimiento de su misión de fundamentar la Unidad y la Caridad entre los hombres y, aún más, entre los pueblos, considera aquí, ante todo, aquello que es común a los hombres y que conduce a la mutua solidaridad. 
Todos los pueblos forman una comunidad, tienen un mismo origen, puesto que Dios hizo habitar a todo el género humano sobre la faz de la tierra, y tienen también un fin último, que es Dios, cuya providencia, manifestación de bondad y designios de salvación se extienden a todos, hasta que se unan los elegidos en la ciudad santa, que será iluminada por el resplandor de Dios y en la que los pueblos caminarán bajo su luz. 
Los hombres esperan de las diversas religiones la respuesta a los enigmas recónditos de la condición humana, que hoy como ayer, conmueven íntimamente su corazón: ¿Qué es el hombre, cuál es el sentido y el fin de nuestra vida, el bien y el pecado, el origen y el fin del dolor, el camino para conseguir la verdadera felicidad, la muerte, el juicio, la sanción después de la muerte? ¿Cuál es, finalmente, aquel último e inefable misterio que envuelve nuestra existencia, del cual procedemos y hacia donde nos dirigimos?
La fraternidad universal excluye toda discriminación
5. No podemos invocar a Dios, Padre de todos, si nos negamos a conducirnos fraternalmente con algunos hombres, creados a imagen de Dios. la relación del hombre para con Dios Padre y con los demás hombres sus hermanos están de tal forma unidas que, como dice la Escritura: "el que no ama, no ha conocido a Dios" (1 Jn 4,8).
Así se elimina el fundamento de toda teoría o práctica que introduce discriminación entre los hombres y entre los pueblos, en lo que toca a la dignidad humana y a los derechos que de ella dimanan. 
La Iglesia, por consiguiente, reprueba como ajena al espíritu de Cristo cualquier discriminación o vejación realizada por motivos de raza o color, de condición o religión. Por esto, el sagrado Concilio, siguiendo las huellas de los santos Apóstoles Pedro y Pablo, ruega ardientemente a los fieles que, "observando en medio de las naciones una conducta ejemplar", si es posible, en cuanto de ellos depende, tengan paz con todos los hombres, para que sean verdaderamente hijos del Padre que está en los cielos. 
Todas y cada una de las cosas contenidas en esta Declaración han obtenido el beneplácito de los Padres del Sacrosanto Concilio. Y Nos, en virtud de la potestad apostólica recibida de Cristo, juntamente con los Venerables Padres, las aprobamos, decretamos y establecemos en el Espíritu Santo, y mandamos que lo así decidido conciliarmente sea promulgado para la gloria de Dios.
Roma, en San Pedro, 28 de octubre de 1965.
Yo, PABLO, Obispo de la Iglesia católica. 

  • "el género humano se une cada vez más estrechamente y aumentan los vínculos entre los diversos pueblos,". Ja semblava intuir-se ara fa 50 anys, el que s'ha acabat anomenant la Globalització, aquesta interrelació de pobles i persones en un món únic, amb problemes globals que cal abordar amb solucions globals. En aquest cas l'Església sí que va saber avançar-se al seu temps.
  • "Todos los pueblos forman una comunidad, tienen un mismo origen". Tots els pobles (i totes les persones, per tant) tenim un mateix origen, per la qual cosa no hi ha diferències substancials, tots tenim i ens devem igual dignitat. És més el que ens uneix i ens agermana que el que ens separa.
  • "Los hombres esperan de las diversas religiones la respuesta a los enigmas recónditos de la condición humana, que hoy como ayer, conmueven íntimamente su corazón". La humanitat sencera, sigui quina sigui la nostra raça, país o religió es fa preguntes similars sobre la seva existència, origen i fi, així com sobre allò, sobre aquell Misteri que tots intuïm hi ha més enllà.
  • "No podemos invocar a Dios, Padre de todos, si nos negamos a conducirnos fraternalmente con algunos hombres, creados a imagen de Dios.". I aquest misteri, anomenat Déu, o de múltiples altres maneres, el primer que ens demana és una relació fraterna amb els nostres propers, la humanitat sencera. Tindria sentit si no, venerar-ho, sense tenir en compte els nostres germans i germanes a la terra?
  • "La Iglesia, por consiguiente, reprueba como ajena al espíritu de Cristo cualquier discriminación o vejación realizada por motivos de raza o color, de condición o religión. ". Bones paraules, tot i que difícils de complir per uns i per altres. L'Església també falla sovint en aquest sentit: famílies diferents, condicions sexuals...
  • I ja per acabar, la pregària amb la que començava el discurs papal a Assís, "Ante Jesús crucificado, resuenan también para nosotros sus palabras: «Tengo sed» (Jn 19,28). La sed es, aún más que el hambre, la necesidad extrema del ser humano, pero además representa la miseria extrema. Contemplemos de este modo el misterio del Dios Altísimo, que se hizo, por misericordia, pobre entre los hombres.