dimarts, 20 de desembre de 2016

Sagraments d'iniciació: Eucaristia. I avui en dia?

Amb aquesta Entrada d'avui dono continuïtat a aquelles dedicades als sagraments de l'Església, aquells ritus que pretenen apropar-nos des de la nostra pròpia vida terrena al Misteri de Déu. Pots cercar les altres entrades relacionades sota l'etiqueta Sagraments a la columna de la dreta del Bloc.

L'explicació dels 4 tipus d'Entrades dedicades per a cada sagrament la trobaràs a l'Entrada amb el títol "El sagrament més gran: Jesús de Natzaret" de 15 de setembre de 2016.

Cal dir que alguns d'aquests materials estan en castellà, ja que són fruit de la feina dels estudis de CCRR a la Facultat de Teologia dels Jesuïtes de Granada.


La Eucaristía: claves pastorales

¿Qué aspectos crees centrales para proponer el sacramento al creyente de hoy como fuente de salvación? Lo que no se puede olvidar, la clave básica de todo.
Como ha quedado descrito en la parte de claves teológicas, la Eucaristía es el tercero de los sacramento de iniciación, por lo tanto, no se puede obviar que va bien unido a aquellos otros dos: Bautismo y Confirmación. 

Pero por otro lado, tampoco puede olvidarse que la Eucaristía es el sacramento central de la vida del cristiano junto con el de la Penitencia y la Reconciliación, puesto que ambos son los que nos acompañan de forma más cercana y continuada a lo largo de la vida. El resto de sacramentos tienen un carácter puntual, bien sean los de iniciación (el Bautismo y la Confirmación), los de vocación y compromiso (el Matrimonio y el Orden) o el de reconciliación al final del tiempo de uno (la Unción de Enfermos).

El aspecto central es que la Eucaristía pretende hacernos revivir aquello que Jesús compartió con sus discípulos la última noche antes de iniciarse los hechos de la pasión, muerte y resurrección. Y estos objetivos fueron:
  • Hacer vivir a sus discípulos la esperanza por el Reino de Dios.
  • Cumplir con la tradición judía de la cena pascual, momento fundamental en la tradición judía y como cualquier otra comida, de hospitalidad y compartir fraterno. 
  • De forma profética a lo que iba a pasar, Jesús introduce en esa cena el nuevo signo de la bendición y reparto del pan, relacionándolo con su propio cuerpo. Pan y cuerpo que se entregan, se reparten y se comparten. 
  • E introduce también, el nuevo signo de la bendición y compartición del vino, relacionándolo con su propia sangre. Vino y sangre que se comparten, también de forma inédita, pasándose una única copa de unos a otros, no bebiendo cada uno de la suya.
  • Fundamentalmente, pues, la Eucaristía nos hace sentirnos, como su propio nombre indica, en comunión, unidos con. Y esta unión se propone en dos sentidos: 
  • Por un lado, en comunión con Dios. El hecho de comer el pan y el vino convertidos en cuerpo y sangre de Cristo, hace sentirse a los fieles, parte del propio Cristo, quien nos ha sido dado por el Padre para nuestra salvación. El recuerdo de su vida, muerte y resurrección nos hace partícipes del misterio que representa y nos recuerda su amor infinito por nosotros. Nos hace conscientes que Dios está ahí a nuestro lado, nos cuida, nos da todo lo que somos y lo que conseguimos. Por eso es también acción de gracias por todo lo recibido, la vida como hombres en el nacimiento terrenal y la vida como hijos de Dios, en el Bautismo
  • Pero por otro lado, también en comunión con el resto de la comunidad de fieles, con nuestros hermanos y hermanas. Nos hace sentirnos miembros de la Iglesia, miembros del cuerpo místico de Cristo. Y con este sentimiento eclesial, cada uno con los dones recibidos del Padre, se convierte en enviado del Reino de Dios, en misionero para anunciar la Buena Nueva de la Vida que se nos da.
De la misma manera que Dios nos da continuamente el pan nuestro de cada día, cada vez que nos acercamos a la Eucaristía, Él mismo se nos da para ser fuente de salvación, para que podamos vivir en la Vida del Espíritu.   

El sacramento de la Eucaristía quiere ser signo vivo del Reino en el que creemos pero que, a la vez, se hace ya presente en el momento actual. Es por tanto un signo profético, que convierte la antigua Pascua judía en la Pascua de la nueva alianza, la de los cristianos. Compartiendo el cuerpo y la sangre de Cristo nos hacemos como Él y compartimos su destino que es el de volver al Padre. Compartiendo el mismo pan partido y el vino en la misma copa, nos hacemos conscientes de que todos somos Hijos de Dios y hermanos.


¿Qué dificultades crees que existen en nuestro ambiente para vincularse a él?
Antes de centrarnos en el sacramento concreto, vale la pena recordar aquello ya manifestado en la entrada "El sagrament més gran: Jesús de Natzaret. Î avui en dia" de 20 de septiembre de 2016 sobre las dificultades que advierto en nuestro entorno en cuanto a la vinculación con la Iglesia y la celebración de los sacramentos en general.

Es una realidad que entre los cristianos, al menos en nuestra sociedad, cada vez son menos los que asisten a la Eucaristía de forma regular. Son ya muchos los laicos que no asisten semanalmente a la celebración de la misa parroquial y, cuando lo hacen de forma puntual en alguna celebración concreta (bautizo, primera comunión, boda, funeral…), algunos incluso no participan del momento de la Eucaristía. 

Por otro lado, según lo que he podido observar, se da también una tendencia entre religiosos jóvenes o de mediana edad (lo he detectado en varones, no mujeres), que tampoco se acercan a la Eucaristía diariamente. Por la experiencia que conozco, se les imponen o se autoimponen las tareas laborales en las obras de la congregación.

Por tanto intuyo que, fundamentalmente, las dificultades principales para vincularnos al sacramento de la Eucaristía son:
  • El ambiente reinante en el que las obligaciones del trabajo (impuestas por las empresas o autoimpuestas) y las necesidades de ocio y descanso que parecen haberse convertido en nuevos dioses. 
  • Las muchas otras opciones que la sociedad ofrece y que fácilmente pueden distraer de aquello que en algún momento se veía y vivía como fundamental para uno mismo.
  • La organización familiar que llena de actividades extraescolares la tarde y fines de semana de los chicos y sus familias. Algunas familias con hijos pequeños que sí tienen interés en poder vivir la misa dominical, se ven impedidas de hacerlo por la coincidencia con otras actividades de los hijos (partidos del deporte, salidas colegiales, etc.)
  • La falta de comunidades cristianas con vivencia familiar y profunda (parroquiales, colegiales o de otra índole) en las que poderse vincular y en las que poder vivir la vida, vivir la fe y celebrar los sacramentos. Este es un problema eclesial. La oración y la celebración de los sacramentos de forma comunitaria ayudan enormemente a su mantenimiento. La vivencia en solitud es más complicada.
  • El olvido de algo tan sencillo como que para mantener una relación hace falta cultivarla. Este punto que se ve fácilmente en las relaciones humanas se aplica también a nuestra relación con la divinidad ¿Cómo podemos sentirnos unidos a Dios sino mantenemos momentos de cercanía con Él, como pueden ser la oración, la Eucaristía y los demás sacramentos? 
Y en lo que respecta a la 1ª Comunión, primer momento de contacto con el sacramento de la Eucaristía, algunas dificultades pueden ser las siguientes:
  • Debiéramos presentar la catequesis de la 1ª Comunión como un proceso de iniciación cristiana a largo plazo, no solo como algo puntual para recibir el sacramento. 
  • Cuando a los chicos de 4º de primaria se les ofrece la catequesis de comunión, ya son muchas las otras actividades que vienen desarrollando de cursos anteriores que dificultan el tiempo, no solo de realización de las sesiones de catequesis, sino de vinculación a un grupo que podría acabar convirtiéndose en una comunidad cristiana.
  • También es un grave problema la desconexión que existe entre el proceso catequético (llevado fundamentalmente desde el colegio) y el momento sacramental (dirigido desde la parroquia). Han sido diversas las celebraciones en las que los participantes y sus familias han quedado decepcionadas de las palabras o los actos del ministro celebrante, respecto a lo propuesto y vivido durante el tiempo de catequesis. Por intentos que haya habido de limar asperezas, la imagen transmitida no es la adecuada.
  • No existe una conciencia clara de lo que representa el sacramento de la Eucaristía. El poder llegar a realizar la 1ª Comunión, se ve más como una meta a conseguir que no como el inicio de un proceso a continuar a lo largo de la vida. 
  • También representa un problema las nuevas situaciones familiares que han aparecido en los últimos tiempos. Hay en casos que se siguen sintiendo llamadas, de una manera u otra, por Cristo y el mensaje evangélico, y a las que la Iglesia no sabe cómo acoger. ¿Cómo podemos hacer atractiva la vida cristiana a jóvenes hijos de familias monoparentales o de padres separados, homosexuales u otros, si lo único “que se oye” son críticas a su tipo de familia?
Como ya manifesté en la reflexión de las claves pastorales del Bautismo y de la Confirmación, con este escenario dado, cobra importancia la necesidad de recuperar el significado de los procesos de iniciación cristiana para las familias, así como evitar la desconexión de la iniciación en la comunidad con la iniciación existencial del individuo.


¿Qué aspectos en nuestro ambiente crees que son una oportunidad para presentarlo? ¿Qué experiencias, que estrategias, qué procesos crees que ayudarían a vincularse a él?
Antes de centrarnos en el sacramento concreto, vale la pena recordar aquello ya manifestado en la entrada "El sagrament més gran: Jesús de Natzaret. I avui en dia?" de 20 de septiembre de 2016 sobre las oportunidades y experiencias que pudieran tenerse en cuenta en nuestra realidad concreta de forma general para presentar la Iglesia y la vida cristiana y que son válidas, también, para el resto de sacramentos.

Centrándonos ahora en la Eucaristía:
  • En el ámbito colegial (para la preparación de la 1ª Comunión) pero también en otros momentos celebrativos (fiestas de la patrona, final de curso, Navidad, etc…) ya se intenta, desde los equipos de Pastoral, contactar con sacerdotes conocidos que puedan dar una imagen en consonancia con la del colegio. Se intenta evitar al máximo la dependencia de la Parroquia de la Concepción, de la que depende la parroquia que comparte espacion con el colegio. 
  • El hecho de tener en los colegios maristas de Catalunya los movimientos juveniles (los caus del Centre Marista d’Escoltes y las asociaciones de la FAJMACOR) es una oportunidad para que se pueda proponer a los alumnos y alumnas que participan de ellos la realización de acciones de carácter sacramental. Hoy en día estas son mínimas, como por ejemplo la eucaristía de las fiestas colegiales, la oración de la Marcha de Navidad o la peregrinación a Montserrat en el mes de abril. 
  • Anualmente al final del primer trimestre, en tiempo de Adviento, se realiza un tiempo de compartir (oración y cena) de directivos y responsables de la pastoral colegial con los animadores de los movimientos juveniles como símbolo de agradecimiento y compartir fraterno. Este momento reflexivo suele serlo sobre la educación de los niños. Momento entrañable pero al que podía añadirse una lectura del Evangelio o el compartir la Eucaristía. 
  • Una oportunidad a explorar seria la invitación también a este encuentro anual a miembros de alguno de los Grupos de Vida Cristiana vinculados al colegio, similares a las Fraternidades del Movimiento Champagnat de la Familia Marista. Sería una buena manera de ofrecer la posibilidad de un camino claro de continuidad para la vivencia comunitaria cristiana en edad ya adulta. Incluso estos grupos pudieran ocuparse del aspecto celebrativo y sacramental del tiempo de oración del encuentro, ayudando en parte a los equipos directivos y de pastoral, saturados en esos tiempos de final de año. 
  • También en el oratorio del colegio se realiza de forma semanal una oración matutina antes del inicio de las clases, organizada de forma rotatoria por los diversos grupos-clase de la ESO y el Bachillerato. Suelen participar alumnos del grupo-clase organizador y un pequeño pero constante grupo de niños de infantil y primara. Es una sencilla pero bonita iniciativa para favorecer el conocimiento entre los alumnos de cursos diferentes para proponer un acercamiento a Dios. Algunas veces estos momentos sí son de oración pero en otros, dependiendo de los grupos organizadores y sus tutores, son una reflexión sobre valores. 
  • Una buena opción sería la de definir por parte del equipo de pastoral una mayor coordinación con los tutores para ritualizar más este momento (señal de la cruz en el inicio, recitación del padrenuestro o alguna otra oración sencilla y Eucaristía para los que quisieran y ya hubieran hecho la 1ª comunión).
  • La existencia en la misma organización marista de forma paralela al colegio de la Pascua de Les Avellanes, es otra oportunidad para alumnos mayores y exalumnos de participar en una experiencia fuerte de vivencia cristiana. Lo que quizás convendría explorar es como mantener el vínculo de los participantes una vez vueltos al colegio. Y no me refiero solamente al vínculo en el trabajo de la educación sino también el sentido de misión de Iglesia y la participación periódica en alguna oración o celebración eucarística. Años atrás se había realizado la propuesta de oración colegial en tiempo de pentecostés, invitando a los que habían participado de la Pascua.
  • También la existencia en la misma organización marista de forma paralela al colegio de la Pascua Familiar y sus actividades complementarias (en tiempo de Adviento y de Pentecostés) es también una oportunidad que se pudiera ofrecer a las familias en general. De igual manera, proponer algún momento de encuentro colegial para los que se preparan o participaron de aquella actividad y celebración provincial.
  • Años atrás se había propuesto la realización mensual de una eucaristía vespertina con la presencia también de la comunidad de hermanos. Lastimosamente dejaron de realizarse por la baja participación.
  • El colegio ese encuentra situado en un edificio singular, antiguo convento, el cual dispone en el centro de una Iglesia emblemática. Desde hace décadas el uso es compartido con la parroquia. Aunque sea éste un aspecto no tan vivencial para los niños y las familias que participan en los procesos de catequesis, entiendo que fuera bueno mejorar la relación colegio-parroquia, valorándose ambas partes más como colaboradores que no como competidores. Este cambio institucional acabaría redundando en un bien para ambas instituciones y para las personas con las que cada una trabaja.